Justo en el ciberespacio

Que asco de censura china

2017.07.25 10:29 albedrio Que asco de censura china

Una de las primeras sensaciones que asaltan al extranjero recién llegado a China es la del aislamiento: nada más aterrizar y encender su teléfono móvil, comprobará que casi ningún elemento de su vida cibernética funciona. No podrá acceder a su correo electrónico de Gmail, ni a redes sociales habituales como Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest.
Tampoco podrá hacer preguntas a Google, ni orientarse a través de la aplicación de mapas del gigante estadounidense de Internet. Y tendrá que informarse a través de un pequeño –y menguante– abanico de medios de comunicación internacionales.
Sin embargo, a esta sensación de aislamiento le seguirá otra de sorpresa al ver que la población china está permanentemente enganchada al móvil. Los 1.400 millones de habitantes del país más poblado del mundo navegan en la intranet china, donde reinan las alternativas locales que ofrecen todos esos servicios que el extranjero echa en falta: Baidu es Google, Weibo es Twitter, WeChat es Facebook, Instagram y WhatsApp, Alipay es Paypal, Youku es YouTube, y así hasta el infinito.
Eso sí, todas estas empresas tienen un denominador común: cumplen la legislación china. Esto quiere decir que comparten todos los datos privados con el gobierno chino, filtran los resultados de sus búsquedas de acuerdo con los designios del Partido Comunista, y permiten que los censores intervengan a su antojo en sus contenidos.
De momento, la salvación de quienes quieren acceder en China a una Red libre tiene tres letras: VPN. Son las siglas de Virtual Private Network (Red Virtual Privada), el software que permite saltar lo que se conoce como la 'Gran Muralla Cibernética' para poder navegar por todos esos servicios que veta Pekín.
Los proveedores de estos programas y las autoridades chinas llevan años jugando al gato y al ratón, pero la ciberpolicía podría marcarse pronto el tanto de la victoria. Según anunció Bloomberg a principios de julio, los dirigentes chinos han decidido cortar por lo sano y exigir que todos los proveedores de datos –que son de titularidad pública– corten de raíz el acceso a estas VPN personales de aquí a febrero del año que viene.
Si se llega a este extremo, las consecuencias pueden ser muy importantes. Y no solo porque un buen número de extranjeros decida marcharse del país –algo que muchos se plantean después de conocer el plan de China– o porque resulte más difícil atraer talento foráneo a China, sino porque puede tener un importante impacto económico en las empresas.
Las ventas por internet subieron un 32,1 % en China durante el primer trimestre Un repartidor de una tienda online muestra la página web de una tienda online delante de unos paquetes que ha depositado en el suelo del aparcamiento de una universidad para que sean recogidos por los clientes en Pekín (China). EFE Muchas utilizan estas VPN para acceder a servicios y usuarios en el extranjero, y un 49% de las compañías europeas establecidas en el gigante asiático afirman –según el último informe anual de la Cámara de Comercio Europea– que las trabas en Internet ya afectan a su negocio. Ese porcentaje aumenta hasta el 76,4% en el caso de las empresas estadounidenses incluso sin que exista todavía un bloqueo total.
Además, si se alcanza ese extremo, también se dificultaría el trabajo de científicos y académicos, que tendrían muchas más dificultades para acceder al conocimiento fuera de sus fronteras. "Ya es un engorro porque las VPN son poco estables y apenas podemos acceder a sitios de descarga de archivos sin ellas. Muchas veces nos envían estudios o informes utilizando servicios como Dropbox, que no funcionan en China" explica un profesor de la Universidad de Fudan, en Shanghái, que prefiere mantenerse en el anonimato. "Que se aumenten las restricciones será negativo para todos y afectará al desarrollo tecnológico y científico del país", opina en una conversación con eldiario.es.
La represión contra los activistas no cesa
En definitiva, la medida aislaría todavía más a China y acercaría su modelo al de Corea del Norte. "Es una muestra más de cómo el régimen chino se encierra en sí mismo", comenta Leung Chung-hang, parlamentario del partido independentista Youngspiration en Hong Kong. "Y es también una prueba de que ni ha puesto en marcha las reformas que todos esperaban, ni lo hará", sentencia.
No en vano, en 1980, cuando Deng Xiaoping decidió acabar con el maoísmo que había llevado la ruina a China, los analistas extranjeros coincidieron en un punto: es solo cuestión de tiempo que la apertura económica propicie reformas políticas. La mayoría aseguraba que la demanda de democracia llegaría cuando los chinos lograsen saciar el hambre. Es una cuestión de prioridades, decían. El movimiento estudiantil de 1989, que acabó en la matanza de Tiananmen, fue uno de los chispazos que vaticinaron muchos. Y quizá también el último.
Desde entonces, todo tipo de activismo ha recibido la misma respuesta: un puño de acero. Da igual que sean feministas que protestan contra el acoso sexual en el transporte público, obreros que exigen el justo pago de sus pensiones, activistas que investigan las condiciones laborales en fábricas que producen artículos para las empresas de Ivanka Trump, o disidentes que reclaman la instauración de una democracia. Todos acaban detenidos o entre rejas, acusados muchas veces de dos delitos cuya definición es lo suficientemente imprecisa para servir de arma contra todo aquel que resulta incómodo para el Gobierno: la subversión contra el Estado y provocar desórdenes sociales.
China impide conmemoraciones a Liu Xiaobo con arrestos y "viajes forzosos" Tibetanos exiliados en India portan una vela en memoria del galardonado con el Nobel de la Paz, el intelectual Liu Xiaobo, en Dharamsala, India. EFE El primero es el que se utilizó para condenar a once años de prisión al Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, cuyo único crimen fue exigir que se cumpla el artículo 35 de la propia Constitución china –que ampara libertades como la de prensa o la de expresión– y pedir en la Carta 08 una transición hacia la democracia parlamentaria.
Después de haber cumplido 8 años en la cárcel, el pasado 13 de julio Liu murió en el hospital de Shenyang en el que recibía tratamiento por el cáncer de hígado terminal que se le diagnosticó demasiado tarde en prisión y se convirtió en el primer galardonado con un Nobel que muere cautivo desde 1938, cuando Carl von Ossietzky murió bajo custodia en la Alemania nazi.
"Internet es la ventana al mundo en esta caja sellada"
El afamado artista Ai Weiwei, que fue uno de los 600 firmantes del texto coescrito por Liu, también sabe lo que supone enfrentarse al régimen chino. De hecho, sufrió un traumatismo craneoencefálico grave provocado por el golpe de un miembro de las fuerzas de seguridad chinas después de investigar lo sucedido en las escuelas que se derrumbaron durante el terremoto de Sichuan, en 2008, y tuvo que ser operado en Alemania.
Cuatro años después desapareció sin dejar rastro durante los 81 días en los que estuvo retenido de forma ilegal antes de que se formalizasen cargos contra su empresa por evasión fiscal. Él asegura que todo tiene que ver con su exigencia de reformas políticas que no llegan.
Para Ai, Internet es la herramienta más poderosa en el camino hacia la democracia. "Es la única ventana al mundo en esta caja sellada, y el único elemento que puede impulsar un cambio. Por eso le preocupa al Gobierno, que trata de silenciar Internet para que el pueblo no pueda expresarse", analiza en una entrevista con este medio. "Mientras tanto, el mundo dice: 'Dejemos a China que se desarrolle y ya se democratizará'. Pero yo digo: 'Si no haces algo por la democracia eres parte del crimen'. El cambio nunca llegará si nos quedamos mirando", prosigue.
Desafortunadamente, para Ai y para prominentes activistas como Hu Jia, que a menudo utilizan las redes sociales extranjeras para hacer llegar su mensaje fuera de China –dentro no tiene ningún predicamento–, el posible bloqueo de las VPN puede suponer un gran golpe.
De momento, el ministerio de Industria y de las Tecnologías de la Información ha negado que vaya a prohibirlas todas, pero sí ha recordado que su uso solo está autorizado a quienes tienen la licencia correspondiente. En la práctica, eso quiere decir que se tratará de mitigar el impacto económico de la medida, pero no el que tendrá entre quienes desean acceder a información global libre.
La batalla por el ciberespacio chino
Aunque siempre ha estado censurado y vigilado, la actual batalla en el ciberespacio chino se remonta a 2010, cuando Google decidió dejar de plegarse a la legislación china que le obligaba a filtrar los resultados de sus búsquedas. Durante un tiempo estuvo redirigiendo el tráfico de la China continental a su buscador en Hong Kong –donde Internet es libre–, pero Pekín terminó por bloquear todos sus servicios: desde el buscador, hasta el correo electrónico, pasando por el 'mercado' de aplicaciones Google Play. Desde entonces, en varias ocasiones se ha rumoreado el retorno de Google, pero todavía no se ha producido.
Quien sí ha anunciado recientemente el establecimiento de un servidor en China es Apple. Y ha confirmado que acatará las leyes, incluida la nueva y polémica Ley de Seguridad Nacional. De esta forma, si el Gobierno requiere información privada sobre sus usuarios, la multinacional americana tendrá que proporcionársela.
Es una decisión que contrasta con sus reiteradas negativas a colaborar con las autoridades estadounidenses y que muchos han interpretado como una victoria de los dirigentes chinos sobre la empresa californiana, que tiene en China su principal motor de crecimiento.
Como apunta Ai, este recién adquirido poder económico es una de las principales razones por las que China puede permitirse actuar con arrogancia y sin temor a represalias internacionales. Atrás ha quedado la posibilidad de que se le impongan sanciones, como se hizo tras la matanza de Tiananmen. Ahora China es el principal actor del comercio internacional y la segunda potencia mundial. No hay quien le tosa.
Y no parece que su presidente, Xi Jinping, tenga intención alguna de dar un golpe de timón. De hecho, cuando asumió el cargo en 2013, muchos se refirieron a él con el calificativo de reformista. Creyeron que iba a convertirse en el hombre que relajase el sistema político chino. Sin embargo, a punto de acabar su primer mandato, lo que ha hecho ha sido acumular poder hasta alcanzar el mismo nivel que Mao Zedong y Deng Xiaoping, y acrecentar la represión política.
49 periodistas y blogueros encarcelados
Es una percepción que comparten los responsables del informe gubernamental canadiense al que hace unos días tuvo acceso la prensa de ese país. En él se dice tajantemente que "en los dos últimos años el respeto a los derechos humanos en China vive un claro retroceso". El estudio afirma que libertades como la de prensa o la de expresión están seriamente amenazadas, y recoge diversas razones para sustentar esta conclusión.
Los homosexuales en China abren camino hacia la igualdad Imagen de archivo. Activistas de derechos LGTB sostienen una bandera con los colores del arco iris y pancartas que dicen 'Apoyo a la Justicia' en Pekín. EFE Por ejemplo, "en marzo de 2016, el presidente Xi Jinping visitó las principales cadenas de televisión del país y dijo a sus periodistas que deben estar al servicio del Partido Comunista y respetar su liderazgo". Además, el informe también recalca que "Sina y Tencent –dos de las principales empresas de Internet del país– tienen ahora prohibido publicar noticias propias, lo cual otorga a la prensa estatal –controlada directamente por el Partido– el monopolio de la información".
Al menos 49 periodistas y blogueros están en cárceles chinas, y los periodistas extranjeros a menudo critican que sufren el acoso de las autoridades, e incluso detenciones arbitrarias, mientras hacen su trabajo. El estudio también refleja la preocupación por la libertad religiosa después de que cientos de cruces de iglesias cristianas hayan sido retiradas "bajo el pretexto de que son estructuras ilegales". El único aspecto positivo que ve el gobierno canadiense es la estimada reducción en el número de ejecuciones, que sigue siendo un secreto de Estado.
Mientras tanto, la comunidad internacional calla. Se acabaron las cumbres en las que jefes de Estado criticaban a China por su falta de respeto hacia los derechos humanos. Ahora, como mucho, los comunicados al respecto los emiten instituciones de tercera categoría. Y la razón de este vuelco es muy clara: hay demasiados intereses en juego. Sobre todo económicos. Pero, curiosamente, las empresas extranjeras establecidas en China también se quejan de que cada vez es más difícil hacer dinero allí.
"El presidente Xi Jinping se erige en adalid de la globalización en Davos y habla sobre las bondades del libre comercio, pero en China pone en práctica todo lo contrario", critica Carlo D’andrea, vicepresidente de la Cámara de Comercio Europea, que presentó el último informe anual de la institución en mayo. "La era dorada para las empresas en China ha acabado", sentencia.
La razón, afirma D’andrea, está también en el incumplimiento de las reformas económicas que el propio Xi prometió. Y en el establecimiento de nuevas barreras proteccionistas. "Nuestra reacción no puede ser aumentar el proteccionismo europeo sino presionar a China para que abra sus puertas como prometió", declara el empresario. Desafortunadamente, también reconoce que quizá ya sea demasiado tarde para que esa presión, si llega en algún momento, surta efecto.
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2016.05.21 17:35 ShaunaDorothy ¡Defender a Afganistán contra el ataque imperialista! ¡Por lucha de clases contra los gobernantes capitalistas en México y EE.UU.! (invierno de 2002) (1 - 2)

https://archive.is/8uSaM
¡Defender a Afganistán contra el ataque imperialista! ¡Por lucha de clases contra los gobernantes capitalistas en México y EE.UU.! ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués!
Reproducido de Espartaco No. 17, invierno de 2001-2001.
17 de noviembre—El siguiente artículo ha sido adaptado de Workers Vanguard No. 768, (9 de noviembre de 2001), periódico de la Spartacist League/U.S., sección estadounidense de la LCI. Aunque los ataques imperialistas no han cesado, los talibanes han sido echados de la parte norte de Afganistán por la Alianza del Norte respaldada por EE.UU., y ésta ha tomado Kabul, mientras que los imperialistas se aprestan a formar un nuevo gobierno títere. Sea lo que sea que tramen Washington y sus aliados, hay muy poca probabilidad de estabilidad en Afganistán en cualquier caso. Las fuerzas que integran la Alianza del Norte no son menos reaccionarias que el Talibán y fueron infames durante su gobierno en Afganistán de 1992 a 1996, perpetrando asesinatos y violaciones masivas, y estuvieron envueltos en disputas sanguinarias que finalmente llevaron a su caída. Un gobierno centrado en la Alianza del Norte, que se basa en su mayor parte en las minorías étnicas tajika y uzbeka, sería aun menos estable que el Talibán, que se basa en las tribus pashtún dominantes.
Las semanas de implacable bombardeo de Afganistán con miles de bombas han producido el resultado deseado. Poblados han sido reducidos a escombros y reducidos consecutivamente a escombros más pequeños, con hospitales destruidos, instalaciones de la Cruz Roja arrasadas, familias enteras voladas en pedazos. “Ayuda humanitaria”, es decir, mantequilla de cacahuate, es lanzada envuelta en color amarillo, el color de las bombas de dispersión, siendo el único propósito de las últimas mutilar y masacrar al azar. La guerra ha sembrado discordia en las filas del bloque de aliados del imperialista EE.UU., primordialmente aquellos en el mundo árabe/musulmán y en Europa. Estos son perturbados por una serie de “qué tal si”. ¿Qué tal si la guerra desestabiliza a Pakistán, poniendo su capacidad nuclear al alcance de cualquiera? ¿Qué tal si ésta desata una guerra posterior entre India y Pakistán, hundiendo a la región en el caos? ¿Qué tal si el acceso al petróleo es interrumpido violentamente? ¿Qué tal si estas potencias son inexorablemente movidas de su condición actual de porristas hacia una guerra en la cual no tienen ningún interés directo?
La destrucción del World Trade Center fue un acto criminal que incineró a miles de personas ordinarias inocentes. Pero no es la muerte de personas ordinarias la que impulsa a los gobernantes estadounidenses. Después de todo, bin Laden es el monstruo de Frankenstein que se volteó contra su creador, el imperialismo estadounidense, que lo desató junto con otros reaccionarios islámicos, como el Talibán, en contra del Ejército Rojo en Afganistán en los años ochenta como parte de su campaña, que duró décadas, para aplastar a la Unión Soviética. En su cruzada en contra del “Comunismo ateo”, Washington aceptó de buena gana la reesclavitud de las mujeres afganas como un “daño colateral”. Hace pocos años, Madeleine Albright también hizo claro que la muerte por inanición y enfermedades de más de un millón de iraquíes en la defensa de los intereses imperiales de EE.UU. en el Cercano Oriente fue un daño colateral aceptable. Utilizando ese cálculo brutal, es justo preguntar si los miles de muertos en el World Trade Center fueron también un “daño colateral aceptable” en la victoria del imperialismo de EE.UU. en la Guerra Fría.
Los gobernantes de EE.UU. se valen del horror real de la población estadounidense causado por el ataque al World Trade Center. Como escribieron nuestros camaradas de la SL/U.S. en su declaración inicial sobre el ataque al WTC (ver Espartaco No. 16, otoño-invierno de 2001): “Es una oportunidad para que los explotadores azucen el patriotismo de la ‘nación única e indivisible’ para tratar de encauzar la creciente rabia en el fondo de la sociedad lejos de ellos mismos y hacia un indefinible ‘enemigo’ extranjero, así como hacia inmigrantes en Estados Unidos, y reforzar su propio arsenal de represión estatal en el propio país contra todos los trabajadores.” Desde la perspectiva de los imperialistas, el crimen del 11 de septiembre fue que se perpetró un insulto a sus apetitos para la dominación mundial, representado por el ataque al centro nervioso del poder militar de EE.UU., el Pentágono. La respuesta de la administración de Bush a los ataques fue proclamar que el mundo tenía que decidir: o estar con “nosotros” o contra “nosotros” en una guerra planeada para que dure, tal vez de por vida, en contra de cualquier y cada reto al imperialismo estadounidense. Ésta es la respuesta de un bravucón. Los gobernantes estadounidenses buscan asegurar que su campaña para obtener ganancias, basada en la explotación de la clase obrera en EE.UU. y en el extranjero, no encuentre obstáculos.
Los empleos que a veces, en el corto plazo, son disponibles como resultado de las aventuras y guerras imperialistas, hoy, en el contexto de la depresión mundial, no están por ningún lado. Más de 600 mil trabajos han sido eliminados en todo EE.UU. sólo desde septiembre, y esos desempleados se unirán a las filas de millones más en medio de una recesión que se profundiza.
Más de mil 100 personas sin ciudadanía estadounidense han sido detenidas, la mayoría privadas del acceso a abogados o a sus familias. La cínicamente etiquetada “Ley Patriota de EE.UU. 2001” autoriza la detención preventiva de personas sin ciudadanía por siete días sin cargos y de hecho indefinidamente una vez que son acusadas, y legaliza los allanamientos del FBI y autoriza a la CIA a que se involucre en espionaje interno. También define “terrorista” para incluir a cualquiera que sea considerado oponente del gobierno. La siniestra naturaleza de esta ley ya es evidente para muchos estadounidenses negros. Reflejando tales aprensiones, el congresista del área de Chicago, Jesse Jackson Jr. señaló: “Los terroristas no atacaron la Estatua de la Libertad, la Constitución o la Declaración de Derechos o la Declaración de Independencia. Atacaron los símbolos de nuestro poder económico y militar en el mundo. Son los partidarios de esta iniciativa los que están atacando realmente las libertades estadounidenses que están contenidas en nuestros documentos históricos más sagrados.”
El “terror” que le preocupa a los imperialistas estadounidenses es cualquier resistencia a sus prerrogativas y a su dominio de clase. La defensa de Afganistán contra el ataque imperialista está íntegramente ligada a la defensa de las masas obreras en EE.UU. contra la explotación y la opresión crecientes, lo que requiere el derrocamiento del orden imperialista a través de la revolución obrera. La tarea que hacen suya nuestros camaradas en EE.UU. es educar y movilizar al proletariado con ese fin. Y eso requiere romper la lealtad de los trabajadores hacia sus dirigentes socialchovinistas y colaboracionistas de clase.
México: Crisis económica y represión capitalista
El gobierno de Fox, enfrentado a una grave crisis económica y desesperado por atraer inversión, está haciendo su mejor esfuerzo para mostrar su servilismo a sus amos imperialistas. El gobierno se solidarizó con los bombardeos imperialistas contra Afganistán y ayuda a cerrar las fronteras de Estados Unidos contra los inmigrantes. Desde el 11 de septiembre, los blancos principales de las deportaciones han sido personas originarias del Medio Oriente, particularmente iraquíes, mientras continúa la cacería de inmigrantes centroamericanos que tratan de llegar a los Estados Unidos. Tan sólo este año, han habido ya más de 72 mil deportaciones, la mayoría de ellas de centroamericanos (La Jornada, 15 de octubre).
Temiendo un estallido social, todas las alas de la burguesía mexicana están de acuerdo en utilizar los ataques contra el WTC para impulsar su supuesta “guerra contra el terrorismo”. La burguesía está reforzando su aparato represivo para utilizarlo contra cualquier cosa que perciba como una oposición, desde obreros descontentos hasta activistas estudiantiles. Tan sólo en lo que va del año los despidos ascienden a cientos de miles, especialmente en la zona de las maquiladoras, golpeando primero y sobre todo a las horriblemente oprimidas y superexplotadas obreras, que forman la mayoría de la fuerza laboral en la franja fronteriza. Ahora algunas plantas en la zona están siendo vigiladas por el ejército. Al mismo tiempo, la UNAM ha sido caracterizada repetidamente por funcionarios del gobierno y jefes militares como un “semillero” de supuestos “terroristas” y de la “delincuencia organizada”, haciendo blanco de las organizaciones estudiantiles y de izquierda. Como los espartaquistas hemos advertido, la “guerra contra el terrorismo” es en realidad una guerra contra los obreros, los inmigrantes y los izquierdistas.
Con el descontento de mucha de la población respecto a la situación económica en casa y la agresión del imperialismo a Afganistán, el PRD burgués trata de parecer más izquierdista e incluso “antiimperialista” para recuperar algo de la autoridad que ha perdido. ¡Pero este partido burgués ni siquiera se opone al TLC de la rapiña imperialista contra México! Su propósito es bloquear cualquier oposición real a la guerra y llevar a los elementos en movimiento a la izquierda de regreso al nacionalismo burgués. El interés del PRD no es otro que perpetuar este sistema capitalista de explotación y opresión.
Es muy barato para los voceros “izquierdistas” del PRD, como Adolfo Gilly, o el periodista Luis Hernández Navarro, denunciar a los imperialistas por su previo apoyo a los talibanes en sus ataques contra la Unión Soviética ahora que ésta y su Ejército Rojo han dejado de existir (La Jornada, 9 de octubre). Pero la crítica central de estos nacionalistas burgueses es que el gobierno de Fox ha roto con la supuesta (inexistente) “política internacional mexicana de no intervención, autodeterminación y solución pacífica de los conflictos”. ¡Se necesita mucha desvergüenza para hablar de la vocación “pacifista” de los gobernantes mexicanos! Si estos no han participado en más guerras, es porque los imperialistas no necesitan de su apoyo militar. De hecho, México participó en la Segunda Guerra Mundial interimperialista al lado de los aliados, y hubo redadas y ataques antijaponeses dentro de México en la misma época. Sobre todo el estado mexicano ha dirigido su fuego salvajemente contra la propia población mexicana, abatiendo a sangre y fuego a estudiantes, campesinos, indígenas y obreros en lucha. El PRD mismo ha tenido amplia oportunidad de mostrar la realidad de su propia “vocación pacifista”, desatando a sus granaderos en la Ciudad de México para romper las cabezas de los estudiantes huelguistas del CGH, los trabajadores de Chapingo, los maestros de la CNTE, etc.
El asesinato político de la abogada Digna Ochoa el 19 de octubre muestra la brutal realidad del “nuevo México democrático”: que el terror brutal contra la izquierda es inherente al México capitalista y un propósito central del estado burgués. Digna Ochoa defendía ante los tribunales a estudiantes huelguistas, campesinos ecologistas, e izquierdistas acusados de “terrorismo”. Nos solidarizamos con quienes protestan contra este asesinato y buscamos movilizar la fuerza de las masas trabajadoras para detener los ataques a los derechos democráticos y defender a quienes luchan contra la injusticia capitalista, mientras impulsamos en la clase obrera y la izquierda el entendimiento de que es sólo mediante la lucha por el poder obrero y un estado obrero que la represión del estado capitalista se detendrá para siempre. En cambio, los organizadores de varias protestas en el D.F. tratan de encauzar la indignación y rabia contra este asesinato hacia fútiles apelaciones por “justicia” dirigidas a Fox y su gobierno que, tratando de mantener su careta de “democracia”, ha liberado subsecuentemente a varios prisioneros políticos.
Centristas y renegados
Nosotros los marxistas decimos que sólo la revolución obrera puede acabar con la guerra imperialista, y como parte de esa tarea nuestros camaradas de la SL/U.S. buscan que el proletariado rompa con el “frente nacional” chovinista; internacionalmente, los espartaquistas buscamos movilizar una oposición a la guerra basada en la lucha de clases.
Nuestra perspectiva está basada en la experiencia de la Revolución de Octubre de 1917, que triunfó en medio de la carnicería de la Primera Guerra Mundial gracias al programa bolchevique de convertir la guerra imperialista en una guerra civil. La oposición proletaria a la depredación imperialista de los explotadores puede, en palabras de León Trotsky, ser llevada a cabo “sólo a través de la movilización revolucionaria de las masas, es decir, ensanchando, profundizando y agudizando esos métodos revolucionarios que constituyen el contenido de la lucha de clases en ‘tiempos de paz’” (“Aprendan a pensar”, mayo de 1938).
El principal obstáculo ideológico que tenemos que vencer en el camino a la revolución es la ideología del nacionalismo burgués, que incluye un gran componente de craso antiamericanismo, identificando falsamente a las masas explotadas estadounidenses con sus explotadores y gobernantes imperialistas. Muchos supuestos “izquierdistas” celebran absurdamente los ataques contra el WTC como un “golpe” al imperialismo, y es común escuchar afirmaciones estúpidas como que “todos los estadounidenses son culpables” de la explotación en el mundo. Lo que hacen realmente es retratar la carnicería de miles de personas inocentes como “antiimperialismo”. En realidad es una expresión sedienta de sangre de la mentira de una supuesta unidad de intereses entre los obreros y sus burguesías.
El grotescamente mal llamado Grupo Internacionalista (GI), un puñado de renegados centristas que huyeron de nuestra organización a mediados de los 90 bajo las presiones del triunfalismo imperialista de la “muerte del comunismo”, es un nítido ejemplo de la seudoizquierda que se adapta a la conciencia nacionalista, disfrazándola bajo palabrería hueca supuestamente “combativa”. Recientemente, el GI de Estados Unidos criticó a nuestros camaradas de la Spartacist League por haber “vacilado” frente al belicismo patriotero ahora rampante en EE.UU. En un manifiesto de internet, fechado octubre de 2001, el GI reprende a nuestros camaradas por su supuesta “oposición a llamar por la derrota de ‘su propia’ burguesía en una guerra imperialista. Toda la palabrería acerca de la revolución socialista se reduce a nada si no estás claramente por la derrota de ‘tu propia’ burguesía en una guerra imperialista”.
En el fondo, el GI deliberadamente embrolla la cuestión de la derrota militar en una guerra particular con la derrota proletaria de la “propia” burguesía a través de la revolución socialista. Esto último es el programa que anima a cualquier partido auténticamente revolucionario tanto en tiempos de paz como de guerra. Las consignas utilizadas para proceder hacia ese fin —para dirigir a las masas trabajadoras de su actual nivel de conciencia a la toma del poder estatal— son, sin embargo, necesariamente coyunturales. De ese modo, después de regresar a Rusia tras el derrocamiento del zar a principios de 1917, Lenin tuvo que luchar contra aquellos en el Partido Bolchevique que querían darle apoyo al Gobierno Provisional burgués. Habiendo ganado esta batalla, entonces tuvo que advertir a los elementos proletarios de izquierda que querían llamar de inmediato por el derrocamiento del Gobierno Provisional. El 5 de mayo de 1917, el Comité Central aprobó la siguiente moción escrita por Lenin: “La consigna ‘¡Abajo con el Gobierno Provisional!’ es incorrecta en el momento actual, porque en ausencia de una sólida (es decir, consciente de clase y organizada) mayoría del pueblo del lado del proletariado revolucionario, una consigna así es o una frase vacía, o, objetivamente, equivale a intentos de un carácter aventurero.”
El GI, en un esfuerzo por respaldar su palabrería vacía, ofrece el siguiente ejemplo: “La derrota francesa a manos de los luchadores por la independencia argelinos que culminó en 1962, desmoralizó a la burguesía francesa y ayudó a llevar a la revuelta obrero-estudiantil de 1968, que planteó la primera crisis potencialmente revolucionaria en Europa en años.” En realidad, la guerra colonial de ocho años en Argelia no tiene similitud alguna con lo que está sucediendo hoy en Afganistán.
Es interesante examinar nuestra posición de defensa de Afganistán contra la embestida estadounidense, comparada con una situación que era, en cierto modo, similar: la invasión de Etiopía en 1935 por parte de la Italia imperialista. Etiopía bajo el emperador Haile Selassie era una sociedad cruelmente opresiva —uno de los últimos bastiones de la esclavitud en el mundo— caracterizada por el atraso tribal, la subyugación de los pueblos minoritarios y la explotación sin freno de las masas campesinas. Los revolucionarios defendieron a Etiopía contra la Italia de Mussolini, porque esta última era una potencia imperialista, sin importar el hecho de que la forma de gobierno imperialista era fascista en vez de democrático.
Al llamar a la clase obrera a defender a Afganistán contra el imperialismo estadounidense, aplicamos el mismo principio leninista de ponerse del lado de los países atrasados contra el ataque imperialista. Eso dicho, la guerra de EE.UU. contra Afganistán es diferente en cuestiones importantes de la invasión italiana de Etiopía, que estaba dirigida a cumplir la intención de mucho tiempo por parte de Italia de colonizar ese país. EE.UU. no busca ocupar Afganistán —al menos no en este punto— aunque ahora que están en Asia Central los imperialistas van a arrebatar lo que puedan. Al atacar Afganistán, los EE.UU. buscan venganza por un insulto a su poder imperial.
Eso no siempre es fácil, incluso para la potencia imperialista más poderosa. En el siglo XIX, cuando Gran Bretaña era el principal estado imperialista en el mundo, su embajador a Bolivia desdeñosamente rechazó una copa de cerveza boliviana. Los representantes de gobierno bolivianos se ofendieron tanto por su actitud que lo arrastraron por las calles de La Paz amarrado a la espalda de un burro y después lo obligaron a beber un barril entero de la cerveza. Enfurecida por este acto de lesa majestad, la Reina Victoria insistió en que la Marina Real bombardeara Bolivia en represalia. Cuando uno de sus asesores finalmente reunió el coraje para informarle que Bolivia no tenía salida al mar, la reina exigió un mapa y, sumergiendo su pluma en el tintero, marcó una gruesa X a lo largo del país, declarando “¡Bolivia no existe!”.
Independientemente de la analogía espuria del GI con las guerras coloniales, parece improbable actualmente que EE.UU. inicie una invasión terrestre significativa de Afganistán. De hecho, sus esfuerzos pioneros en este sentido, el ataque por parte de un comando en octubre, dio resultados que deben haber inducido pesadillas de la humillante derrota estadounidense en Vietnam entre la oficialía del Pentágono. El Independent de Londres (30 de octubre) reportó: “El ataque fue puramente cosmético para beneficio de los medios y el público, sobre un blanco que, según había asegurado inteligencia, estaría pobremente defendido.”
La variante más probable de Washington en este momento es el bombardeo incesante, continuo y sin propósito, al cual el Talibán no tiene respuesta militar posible. De nuevo,al éste no era el caso en la guerra entre Italia y Etiopía en 1935. Italia era una potencia imperialista de segundo nivel dividida por agudas contradicciones de clase y restringida en sus intenciones por sus rivales imperialistas más grandes. Aunque al fin y al cabo Italia obtuvo la victoria después de una guerra terrestre de siete meses de duración, no era irracional para el entonces trotskista Socialist Workers Party de EE.UU. prever una posible victoria militar por parte de Etiopía:
“Se puede decir sin exageración que una derrota de Italia y una revolución en la península apenina puede tener resultados inesperados. Todo el sistema europeo de alianzas y estados se vendría abajo. El proletariado en Alemania, Austria, España, en los Balcanes, y sin ninguna menor importancia en Francia, recibiría un enorme impulso; la cara de Europa se vería alterada. Eso recae en los intereses de clase directos del proletariado internacional. Pero aún más. Una derrota de Italia en África, una victoria de Etiopía, podría asestar un grandioso golpe a los bandidos imperialistas en África.”
—“Cuestiones sobre la Guerra Ítalo-Etiope”, New International (octubre de 1935)
Ninguno de estos factores restringe actualmente a EE.UU., aunque, seguramente, la guerra exacerbará las tensiones entre las potencias imperialistas, y su precio en la miseria en EE.UU. mismo podría despertar la combatividad de clase en el proletariado estadounidense. Es por eso que el llamado por la derrota militar de EE.UU. es, en este momento, puro e ilusorio aire caliente y fraseología “revolucionaria” —y que se deriva de renunciar a la movilización del proletariado de EE.UU. con el propósito de la conquista del poder estatal—.
A diferencia de la fraudulenta “internacional” del GI, el GEM combate sin cuartel al venenoso nacionalismo burgués que mantiene al proletariado encadenado a sus explotadores y separado de su aliado potencial más poderoso en el norte, el proletariado estadounidense, como parte estratégica de nuestra lucha por la revolución proletaria en este país. Mientras que el GI se pinta como muy revolucionario en el éter del ciberespacio, nosotros de hecho luchamos por una perspectiva internacionalista, revolucionaria y proletaria sobre la tierra. Después de semanas de simplemente distribuir la declaración que su “sección” estadounidense produjo tras los ataques al WTC sin una palabra sobre la burguesía mexicana, un vocero del GI mexicano asistió a un foro espartaquista en la Ciudad de México el 6 de octubre para acusarnos estúpidamente de “socialpatriotas” proimperialistas, sin mencionar siquiera al principal enemigo que los obreros mexicanos enfrentan: su “propia” burguesía. Y cuando el GI mexicano finalmente publicó un suplemento propio, ¡aún no dice ni media pa-labra contra el burdo antiamericanismo que permea las protestas en México! Es muy fácil para cualquier nacionalista tercermundista señalar los crímenes de los imperialistas, pero es en la actitud hacia su “propia” burguesía que se conoce al verdadero revolucionario. El GI se rehusa a combatir las expresiones concretas del atraso nacionalista en la conciencia de los obreros y estudiantes izquierdistas en México porque ve en ello algo inherentemente “progresista”. De hecho, el GI “denuncia” al GEM como “idealista” por combatir al nacionalismo burgués como el principal obstáculo ideológico en el camino a la revolución obrera en México.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Afghan17.htm
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